The Importance of Leadership in Regional Development
Year 2 | Issue 8 | August 2026 | Anglo-Saxon®
By Vito Alberti Villalobos – Chile
Much is said about leadership. There are numerous types and styles of leadership, especially in the business world and in work teams. Books, studies, and successful experiences show us how a good leader can guide an organization toward achieving its objectives and its development.
But there is a question we rarely ask ourselves: what happens with the leadership of our cities and regions?
In this area, the situation is much more complex. Regions are led by different authorities, many of them democratically elected and with different powers. In Chile, for example, the regional leadership includes the mayor, the regional governor, and the presidential delegate, each with specific responsibilities and competencies.
The problem arises when these powers are not accompanied by a common vision for development.
Who really leads a region?
This question does not have a simple answer.
Responsibilities are distributed among different authorities and institutions, and when the results are not what is expected, there is a risk that responsibilities will also become diluted. As often happens in work teams, when faced with a poor result, it is easier to point to someone else than to collectively assume responsibility.
Therefore, rather than asking ourselves who has the authority to lead a region, we should ask ourselves:
Are our authorities capable of exercising collaborative leadership and building a shared vision for the future?
A region cannot move forward if each authority works separately, exclusively defending its powers, political interests, or individual projects. Coordination, dialogue, and, above all, common objectives are needed.
A Shared Vision for Development
The relationship between the regional governor, the mayors, and the presidential delegate should constitute a true alliance for development. This does not mean that they must think alike or belong to the same political sector. It means understanding that there are objectives that are above partisan differences: the regional development and the development of its inhabitants.
It is necessary to define where we want to take our region.
What identity do we want to build? What are our strengths? Which sectors can become true development hubs? How will we generate better employment opportunities? How will we prevent our young people from having to leave the region to find better opportunities?
These questions require leadership, but they also require a long-term perspective.
Regional development cannot depend solely on the four-year term of an authority. Regions need projects that transcend electoral cycles and are capable of generating sustainable transformations over time.
Medellín: An Example to Consider
There are experiences that demonstrate that this way of working is possible. Medellín, in Colombia, is an example frequently cited of how a city can transform its social and economic conditions through public policies, continuity, and a vision for the future.
During different periods, its authorities promoted strategies aimed at improving security, reducing poverty, strengthening education, reclaiming public spaces, and promoting innovation. This process contributed to changing the city’s image and opportunities, to the point that Medellín was recognized in 2013 as the most innovative city in the world.
Beyond the differences between Medellín and our Chilean regions, the experience leaves an important lesson: major changes require vision, continuity, and the ability to work together.
Leadership Is Also the Responsibility of Citizens
Finally, there is a responsibility that we often forget: the responsibility to choose.
The authorities who reach positions through popular elections are, to a large extent, the result of citizens’ decisions. Therefore, our responsibility does not end on election day.
We must ask ourselves what type of leaders we want.
We need authorities capable of working with other authorities, regardless of who proposed a particular initiative. In the development of a region, what should matter is not who receives the recognition, but whether the idea is good for its inhabitants.
We need people willing to work with professionals and citizens with different political perspectives, valuing their technical capabilities, their experience, and, above all, their commitment to the territory.
True regional leadership does not consist solely of managing resources or exercising powers. It consists of being capable of bringing people together, uniting wills, and building a common purpose.
A region needs leaders who have the ability to look beyond the next election and think about the next ten, twenty, or thirty years.
Because the true success of an authority should not be measured solely by the projects inaugurated during their term, but by the opportunities they were able to create for the generations to come.
The challenge is to build regions where our children want to stay, develop themselves, and raise their families because here they find the opportunities and quality of life they seek.
That is, ultimately, the true meaning of leadership applied to development: not governing for the next election, but leading to build the future of our region.
– English Magazine
La importancia del liderazgo en el desarrollo regional
Mucho se habla de liderazgo. Existen numerosos tipos y estilos de liderazgo, especialmente en el mundo empresarial y en los equipos de trabajo. Libros, estudios y experiencias exitosas nos muestran cómo un buen líder puede orientar a una organización hacia el cumplimiento de sus objetivos y su desarrollo.
Pero hay una pregunta que pocas veces nos hacemos: ¿qué ocurre con el liderazgo de nuestras ciudades y regiones?
En este ámbito, la situación es mucho más compleja. Las regiones son conducidas por distintas autoridades, muchas de ellas elegidas democráticamente y con atribuciones diferentes. En Chile, por ejemplo, participan en la conducción regional el alcalde, el gobernador regional y el delegado presidencial, cada uno con responsabilidades y competencias específicas.
El problema surge cuando estas atribuciones no están acompañadas de una visión común de desarrollo.
¿Quién lidera realmente una región?
Esta pregunta no tiene una respuesta sencilla.
Las responsabilidades se distribuyen entre distintas autoridades e instituciones, y cuando los resultados no son los esperados existe el riesgo de que las responsabilidades también se diluyan. Como ocurre muchas veces en los equipos de trabajo, frente a un mal resultado resulta más fácil señalar al otro que asumir colectivamente la responsabilidad.
Por eso, más que preguntarnos quién tiene la autoridad para liderar una región, deberíamos preguntarnos:
¿Son capaces nuestras autoridades de ejercer un liderazgo colaborativo y construir una visión compartida de futuro?
Una región no puede avanzar si cada autoridad trabaja por separado, defendiendo exclusivamente sus atribuciones, intereses políticos o proyectos particulares. Se necesita coordinación, diálogo y, sobre todo, objetivos comunes.
Una visión compartida para el desarrollo
La relación entre el gobernador regional, los alcaldes y el delegado presidencial debería constituir una verdadera alianza para el desarrollo. No significa que deban pensar igual ni pertenecer al mismo sector político. Significa entender que existen objetivos que están por encima de las diferencias partidarias, El desarrollo regional u de sus habitantes.
Es necesario definir hacia dónde queremos llevar nuestra región.
¿Qué identidad queremos construir? ¿Cuáles son nuestras fortalezas? ¿Qué sectores pueden convertirse en verdaderos polos de desarrollo? ¿Cómo generaremos mejores oportunidades laborales? ¿Cómo evitaremos que nuestros jóvenes tengan que abandonar la región para encontrar mejores oportunidades?
Estas preguntas requieren liderazgo, pero también requieren una mirada de largo plazo.
El desarrollo regional no puede depender únicamente del período de cuatro años de una autoridad. Las regiones necesitan proyectos que trasciendan los ciclos electorales y que sean capaces de generar transformaciones sostenibles en el tiempo.
Medellín: un ejemplo para mirar
Existen experiencias que demuestran que esta forma de trabajar es posible. Medellín, en Colombia, es un ejemplo frecuentemente citado de cómo una ciudad puede transformar sus condiciones sociales y económicas mediante políticas públicas, continuidad y una visión de futuro.
Durante distintos períodos, sus autoridades impulsaron estrategias orientadas a mejorar la seguridad, reducir la pobreza, fortalecer la educación, recuperar espacios públicos y promover la innovación. Ese proceso contribuyó a cambiar la imagen y las oportunidades de la ciudad, hasta el punto de que Medellín fue reconocida en 2013 como la ciudad más innovadora del mundo.
Más allá de las diferencias entre Medellín y nuestras regiones chilenas, la experiencia deja una enseñanza importante: los grandes cambios requieren visión, continuidad y capacidad de trabajar en conjunto.
El liderazgo también es responsabilidad de los ciudadanos
Finalmente, existe una responsabilidad que muchas veces olvidamos: la responsabilidad de elegir.
Las autoridades que llegan a los cargos de elección popular son, en buena medida, el resultado de las decisiones de los ciudadanos. Por eso, nuestra responsabilidad no termina el día de la elección.
Debemos preguntarnos qué tipo de líderes queremos.
Necesitamos autoridades capaces de trabajar con otras autoridades, independientemente de quién haya propuesto una determinada iniciativa. En el desarrollo de una región, lo importante no debería ser quién se lleva el reconocimiento, sino si la idea es buena para sus habitantes.
Necesitamos personas dispuestas a trabajar con profesionales y ciudadanos de distintas sensibilidades políticas, valorando sus capacidades técnicas, su experiencia y, sobre todo, su compromiso con el territorio.
El verdadero liderazgo regional no consiste solamente en administrar recursos o ejercer atribuciones. Consiste en ser capaz de convocar, unir voluntades y construir un propósito común.
Una región necesita líderes que tengan la capacidad de mirar más allá de la próxima elección y pensar en los próximos diez, veinte o treinta años.
Porque el verdadero éxito de una autoridad no debería medirse solamente por las obras inauguradas durante su mandato, sino por las oportunidades que fue capaz de crear para las generaciones que vienen.
El desafío es construir regiones donde nuestros hijos quieran quedarse, desarrollarse y formar sus familias, porque aquí encuentren las oportunidades y la calidad de vida que buscan.
Ese es, finalmente, el verdadero sentido del liderazgo aplicado al desarrollo: no gobernar para la próxima elección, sino liderar para construir el futuro de nuestra región.
– English Magazine
Vito Alberti Villalobos, General Manager, Cooperativa de Ahorro y Crédito PARINACOOP – Arica, Chile. With more than 38 years of professional experience, Vito Alberti Villalobos has built a career that spans banking, management, public–private project leadership, and independent consulting. He currently serves as General Manager of PARINACOOP, a leading regional savings and credit cooperative based in Arica and Parinacota. His career includes 12 years in banking, 12 years in executive management, 7 years directing public–private projects, and 5 years as an independent professional, experience that has shaped his reputation as a decisive and forward-looking leader. Alberti is also a part-time lecturer at the University of Tarapacá and a regular economic commentator for Radio Universidad de Tarapacá, where he shares insights on regional development, finance, and economic trends in northern Chile. He holds a degree from Universidad Adolfo Ibáñez, one of Chile’s top institutions for business and economics.
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